Rey del Dolor

martes, 11 de enero de 2011

Comida para los cuervos


Hace ya mucho tiempo emprendí un incierto y singular viaje ignorando hasta donde mis pasos podrían terminar. Recorrí solo, sin compañía y durante unos meses, todos esos incógnitos caminos que la madre naturaleza me planteo cada día. Solo en mi cabeza vagaban todas esas incógnitas que me hicieron coger mi mochila e iniciar este largo viaje.

En las noches más penetrantes, hice grandes círculos con mi propia sangre sobre la tierra húmeda y en ellos enormes hogueras con un fuego intenso para calentarme en la álgida oscuridad esperando alguna pequeña respuesta que me hiciera poder creer en hallar lo que estaba buscando.

A lo largo de mi camino muchas veces vi a lo lejos, entre los verdes páramos que me escoltaban en mi recorrido, una larga sombra oculta que no llegaba a tocar con mis dedos. Era aquel ángel negro, burlándose de mis posibles opciones elegidas y todas ellas equivocadas por los errores cometidos por seguir una dulce intuición con sabor amargo.

Creí que mis pasos eran firmes por aquellas inhóspitas rutas de piedras blancas. Piedras frías como el acero eran, pero resbaladizas cada vez que esas nubes negras, capaces de ocultar el azul del cielo, volvían cada mañana a ser mis fieles compañeras en mi largo viaje. Descargan toda su acumulada ira contra mí y mi frágil espíritu humano, era de ellas la diana de toda su maldad.

Hablé de mi vida y de todo lo que me atormentaba con el ángel negro en la caída de una fría noche. Junto a un gran árbol compartimos una botella de tequila y mientras el alcohol descendía por nuestras gargantas, le desvele todos mis miedos y todos mis sentimientos que me hicieron emprender este caminar.

Pero sería todo en vano, según me dijo mi amigo, al final sería comida para los cuervos cuando hallasen que mi fructuoso caminar no me llevaba a ningún lugar que no sea el infierno mi nuevo hogar.

Cuando desperté la última mañana el sol era rojo como la sangre. Las hogueras que hice en la noche estaban apagadas y los círculos estaban invadidos por los cuervos negros que me miraban con gran recelo y el ángel negro había desaparecido.

La resaca era excesivamente grande y todo daba vueltas en mi cabeza. Pero se que allá arriba hay alguien a quien definitivamente no le caigo, lo que se dice precisamente bien. Debí finalizar mi camino, debía expulsar los fantasmas de mi mente.

No se si tras esto llegue a mi destino final de este surrealista viaje, pero cuando menos necesito, más consigo y cuando más necesito, más pierdo. Quisiera ser casto otra vez pero no ahora mismo. Fueron demasiadas promesas o muchas mentiras juntas, pero no me arrepentiré antes de morir. No terminaré siendo comida para los cuervos.

No hay comentarios: