Rey del Dolor

domingo, 6 de febrero de 2011

El Ladrón del Sahara


Los guardianes del palacio real duermen durante toda la noche. En torno a ellos un pequeño fuego arde sin ninguna fe. Apenas da calor a sus frágiles almas.

Yo, oculto, la luz huye de mi presencia al ver una lejana y perversa lluvia. Solo hay un cuarto de luna en el cielo, ella es mi guía en la oscuridad para poder entrar en el palacio sin ser visto. Trepo por la interminable pared, no porto arma alguna. Soy muy sigiloso, no necesito ninguna protección para poder robar.

En silencio me deslizo por tu ventana. Sé que mi vida corre peligro, pero serpenteo hacía una amplia habitación donde mi princesa finge dormir. No oirás mis pasos, ni siquiera mi corazón latir. Incautar el dinero, cada brillante que aun reluce en tus ojos, guardarlo es mi destino. No debes detenerme, es mi trabajo en semejante gélida noche.

Huiré sin que nadie me vea, más lejos del alba iré sin detenerme. La tormenta acecha entre las colosales montañas. Allí, estaré distanciado de las garras del Rey, allí nunca me podrá encontrar.

Cuando tu hayas despertado por la mañana, la lluvia habrá caído y sus lágrimas habrán lavado tu rostro. Verás que nada he cogido. Sólo en mi mente tu delicado rostro. Es un amor que nunca podrá existir, un amor que nunca debió nacer.

Me fui suave como el viento de la noche. Como amante entre tus sábanas recorrí cada rincón de tu cuerpo. Vi los anillos de tu prometido deslizarse por tus pequeños dedos. Caen al frío suelo, donde yo, a ti, mujer del desierto te hice el amor entre el silencio de la noche.

Dices que te lleve conmigo. De nadie soy su abrigo. Sólo te vi aquella mágica noche donde el amor hicimos. Soy el Ladrón del Sahara y no puedo tener tu corazón, no deseo robarlo. Ahora duermes, y yo huyo donde mi alma descanse tranquila sin tener remordimientos de dejarte allí.

Después que los truenos hayan hablado y los relámpagos me engullan en el infinito, vi mis sueños rotos en pedazos ocultos bajo la misma duna que los tuyos. No esperes mi amor al mundo, no debo hacerlo. Y aunque este entre grandes muros, caeré hacía un vacío que tengo a diario en mi corazón. Pero salir del desierto debo para que tu padre no me haga pagar por lo que hice.

Navego en un barco pirata lejos de ti. Guiado por sibilas hadas que robe de tu almohada. Voy por donde muge el viento y el vino rojo fluya hasta caer borracho y así de mi mente borrarte.

Podría ser inocente, pero seguiría siendo vulnerable. Podría conocer muchas cosas pero seguiría siendo un ignorante. Podría con algún caballero cabalgar y con él muchas tierras conquistar. Podría ganar el mundo jugando a las cartas y dejarlo que cayera sobres mis manos. Podría estar sin comer y destruirme un millón de veces. Pero aunque me veas con el manto de peregrino y ayudar a un mendigo, siempre seré un ladrón común, el Ladrón del Sahara que aquella noche te amo como nadie lo haría jamás.

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